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EN OCTUBRE DE 1956, RAYADOS VENCIÓ AL TAMPICO EN EL VIEJO “CLÁSICO DEL NORTE”

19 de Noviembre de 2021. 6:14 pm.

En la temporada 1956-1957, los Rayados de Monterrey vivían su nueva experiencia en el máximo circuito, la primera desde que el Dr. Carlos Canseco decidió refundar y revivir al club regiomontano en 1952.

Sin embargo, la situación no era sencilla para el equipo. Los resultados favorables escaseaban y se contaba con un plantel limitado para competirle al resto de los equipos poderosos del futbol mexicano.


El Dr. Carlos Canseco, figura imprescindible en la historia de Nuevo León, refundó al equipo en 1952.

Después de 17 jornadas, el Monterrey se encontraba en el fondo de la tabla general que en aquel entonces la integraban solo 13 equipos. Los Rayados tenían 9 puntos producto de dos partidos ganados, cinco empatados y nueve perdidos.

El equipo comenzó siendo dirigido por el español Manolo Pando, quien le diera al equipo su primer título profesional al salir campeones de la Segunda División en 1955-56. Tras la salida de Pando ya iniciado el torneo, el argentino Antonio Mario Imbelloni tomó las riendas del equipo, siendo además jugador.

Imbelloni, quien había sido jugador del Real Madrid al iniciar la década de los cincuenta, contaba con la experiencia suficiente para ser jugador y técnico del equipo, además, también era el preparador físico.

Al no darse los resultados, y días antes del partido de la jornada 18, la directiva decidió que Imbelloni se enfocara solo en jugar y en preparar físicamente al equipo. Por lo tanto, decidieron nombrar al Ing. Ignacio Garagarza como técnico del plantel.


Ignacio Garagarza fue designado director técnico de los Rayados.

Para la jornada 18, los Rayados recibirían al Tampico, equipo con el que existía la mayor rivalidad en aquella época. Los partidos entre ambos equipos se caracterizaban por la enjundia y la intensidad con la que se jugaban, además del pique entre ambas aficiones.

La rivalidad entre Tampico y Monterrey no era solo deportiva sino social: ambas ciudades competían económicamente desde décadas atrás y esto se llevó también a lo deportivo, primero en el béisbol y después al futbol.

Antes del inicio de la temporada 1956-1957, Rayados y Tampico jugaron un par de partidos amistosos que casi terminan en tragedia en las tribunas. Posteriormente, en la primera vuelta, ya en partido de liga, Rayados le robó un punto al Tampico en el puerto jaibo. El juego se suspendió varios minutos por broncas entre los jugadores. Ahora, para la segunda vuelta, la expectativa era alta.


El partido entre Rayaos y Tampico generó gran expectación.

Los Rayados, por su crítica situación, necesitaban urgentemente del triunfo y más aún si era frente a su acérrimo rival de la época. La Afición se preparó para el partido. La porra que comandaba Lauro Leal consiguió bocinas y megáfonos, además de dotar con matracas a sus integrantes.

Esta porra, la primera que viajaba con el equipo desde 1955, se instalaba siempre en la tribuna de sol. A esta porra se uniría también otra organizada y liderada por Ildefonso González Curiel, el famoso comediante apodado “Don Chicho”, y que llevaría, además de matracas, pirotecnia. Estaba claro que la Afición tenía que jugar su papel en un partido tan importante.


En una quiniela, el ganador se llevaba de premio viajar con el equipo en sus partidos de visitante.

La cita para tan importante duelo fue el domingo 11 de noviembre de 1956 a las 16:00 horas en el Estadio Tecnológico. Más de 12 mil Aficionados se dieron cita.

En aquel entonces, el futbol aún no tenía tanta popularidad en la ciudad y la capacidad del “Tec” era de 19 mil personas, por lo que una entrada mayor a los diez mil aficionados era considerada extraordinaria.

El técnico Garagarza eligió los siguientes once jugadores para encarar el clásico ante la Jaiba Brava: Humberto Gama; Pablo Muñiz, Héctor Uzal y Augusto Arrasco; Ignacio Vargas y Humberto Terrón; Mariano Fernández, José Antonio Juárez, Horacio Casarín y Raúl Salamanca.


La prensa consideraba al Rayados-Tampico el Clásico del Norte.

El partido inició con un ritmo impresionante y a los siete minutos, Humberto Gama salvó a los Rayados, al lanzarse a los pies de Bernal y robarle el balón ante lo que parecía un gol cantado.

Tres minutos después, Guadalupe Díaz adelanto a los visitantes al rematar de cabeza un tiro de esquina cobrado por Nicolás “Pipo” Téllez.

El gol caló hondo en la afición y en los jugadores rayados. Sin embargo, el ánimo no disminuyó y la afición siguió empujando. A los 17 minutos, Casarín, una de las máximas leyendas del futbol mexicano, remató de cabeza y estrelló el balón en el poste de la meta defendida por Raúl “Tarzán” Landeros.

Diez minutos después, el árbitro no vio una clara falta de Julio Kersul sobre Casarín dentro del área. En el resto del primer tiempo, el partido siguió siendo de ida y vuelta con emociones constantes, aunque el marcador no se movió.

En el segundo tiempo la historia fue diferente. Apenas cuatro minutos después de iniciado el complemento, Rayados encontró su recompensa. Marianito Fernández se coló por la banda derecha y envió un centro peligroso al área. José Antonio Juárez hizo una pantalla para dejar pasar el balón. Los defensores petroleros habían ido a cubrirlo, pero terminaron cayendo en el engaño del “Moro”. El balón pasó de largo hasta caerle a modo a Casarín que de media vuelta prendió la esférica para dejar sin oportunidad a Landeros y desatar la locura en las tribunas.


Horacio Casarín, jugador icónico del futbol mexicano, empató los cartones.

Con el empate ya en el marcador, Rayados se lanzó aún más decidido a conseguir el gol del triunfo, mientras los del Tampico recurrían cada vez más a la entrada fuerte para contener los embates albiazules.

Cuando corrían 23 minutos del complemento, el peruano Adolfo Ceballos, del Tampico, entró fuerte sobre Raúl Salamanca, de Rayados, y lo lesionó. En aquel entonces no existían los cambios en el futbol, por lo que Salamanca permaneció en la cancha prácticamente inactivo. Así, con solo 10 jugadores útiles, Rayados siguió insistiendo en anotar.

El partido expiraba y parecía que el Tampico se iría con un punto del Tecnológico. El árbitro Antonio Quiñones decidió compensar cinco minutos para reponer el tiempo perdido por el Tampico.

En el segundo minuto de la compensación, Horacio Casarín entró al área y, ante la marca de un defensor, envió un centro al otro costado del área. El argentino José Antonio Juárez bajó el balón el pecho y después fusiló a Landeros con potente disparo cruzado que se coló al fondo de las redes.


José Antonio “El Moro” Juárez anotó el gol del triunfo en tiempo de compensación.

La explosión de júbilo en las tribunas y el ambiente formidable que se vivió fue, según el cronista deportivo Salvador Meza “uno de los más memorables que se hayan vivido” hasta ese momento en la historia del futbol regiomontano.

La Afición pesó e hizo su juego empujando a los Rayados y presionando constantemente al rival. El resultado se dio y el Monterrey ganó dos puntos valiosísimos.

Casarín y el “Moro” Juárez fueron los héroes y anotadores del partido, pero el resto del elenco albiazul también tuvo una gran tarde, desde el portero Gama hasta Salamanca, que aún lesionado intentó colaborar en los últimos minutos del partido.

En aquellos años, el futbol regiomontano estaba lejos de alcanzar la dimensión social y económica que hoy conocemos. Sin embargo, partidos vibrantes como aquel ante Tampico, disputado hace 65 años, contribuyeron a crear la Afición por el futbol y a expandir la base de Aficionados Rayados.

Alberto Barrera-Enderle

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